Reiki Nivel II
| Una cadena de milagros |
| Escrito por Hector | |
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Cuando era niño, había una historia que me contaba mi abuelo, de la que nunca me cansaba de escuchar su relato. Decía que hace muchos años atrás, lejos de esta ciudad, en un pueblo de aquellos surgidos con más sacrificio, esfuerzo y propósito que con dirección y planificación, había un niño llamado Marcos, buen hijo, amigo y alumno, siempre obtenía el primer lugar de su curso, debido a sus excelentes calificaciones y, además, el premio de mejor compañero. Dicen que sus habilidades, destrezas y entrega, heredada y cultivada por sus padres, iban siempre acompañadas de una palabra adecuada, prudente y sabia, con una actitud dadivosa y un gesto amoroso, lo suyo era de todos. Según mi abuelo, era ver la presencia de un santo, pero nunca había que olvidar que era un niño como todos. Era muy extraño verlo enojado o molesto, pero siempre muy pensativo, a veces absorto en las diferentes situaciones a las que se debía enfrentar o solucionar, de las que generalmente salía airoso. Seguramente si hubiese vivido en estos días, sus visitas al psicólogo hubieran sido frecuentes y normales. A veces, la estructura social no entiende a aquellos que son distintos, pero no todos podemos, debemos y queremos ser iguales, tendríamos un mundo plano, estático y sin fluidez. Sus padres, eran los dueños del único almacén que había en el pueblo, conocidos por su honradez y honestidad, llenaban de regalos a su hijo cada fin de año, como premio por lo que había logrado. Llegó a tener una pieza llena de juguetes, aunque nunca fue egoísta, ya que tenía la costumbre de regalar la mayoría de ellos a los niños del pueblo, no sólo los que ocupaba con poca frecuencia, sino también, los que más le gustaban, consideraba que no era un buen sacrificio y una actitud digna y generosa, compartir y regalar lo que menos le agradaba. Lamentablemente, al crecer el pueblo, llegó un hombre, con visión de futuro, decían todos en la zona, que ofrecía buenos trabajos, pero tristemente también, junto con él su dinero, que era más de lo que podía contar o podía suponer que tenía, nadie se podía explicar con claridad qué hacía ahí, el pueblo era demasiado pequeño para lo que pretendía. Construyó un supermercado casi tan grande como los que hay en Santiago. Parecía una exageración para la cantidad de habitantes que tenía el pueblo, ni siquiera parecía lógico para esos momentos, pero decía que algún día todo ese lugar iba a crecer, que muy pronto se poblaría de sobre manera, así que su inversión tendría una buena recompensa, la que según él sería muy luego. Debido a todas estas situaciones y, principalmente a los bajos precios, que los padres de Marcos no se imaginaban cómo los conseguían, que el pequeño almacén empezó a ir mal. De un día para otro no vendieron más, la gente prefería comprar en el supermercado. Cambiaron la amabilidad, la simpatía, el cariño, la sonrisa y la palabra amable por la frialdad de las ofertas y los bajos precios. Después de muchos años de analizar esta historia, he llegado a la conclusión que venció el poder material al espiritual, por lo menos hasta ese momento. Pero los padres de Marcos nunca le contaron que el negocio estaba quebrado y, así como llegaron a tener mucho dinero, así también lo empezaron a perder. Prácticamente ningún vecino se acercaba a ellos, muchos por vergüenza, ya que nadie podía dejar de reconocer los inmensos favores que siempre recibieron, sin haber dado nada a cambio. A veces he llegado a pensar que no podemos dar sin pedir algo a cambio, es posible que estemos rompiendo o violando una ley natural, dar para recibir. Mi abuelo siempre decía que era muy difícil subir, pero demasiado fácil caerse. Fue tan grande el cambio de situación económica, que el padre de Marcos comenzó a plantearse la necesidad de conseguir un trabajo pronto y vender, no importaba a cómo, lo poco que les iba quedando. Marcos siguió sin saber lo que sucedía, ya que generalmente lo mantenían alejado del negocio. Debe ser uno de los grandes errores que cometieron con él. Un niño jamás debe estar tan alejado de realidad en la que vive. Cuando llegó fin de año, como niño, pensaba en la gran cantidad de regalos que iba a recibir, había sido un gran año en lo que a metas se refiere, especialmente en las académicas, pero al llegar a su casa, después de la fiesta de despedida de su colegio, su sorpresa fue grande, ya que no encontró ninguno. Sin embargo, como siempre mantenía una actitud, hasta extremadamente positiva, y de todo lo malo sacaba algo bueno, no pensó en nada negativo. Como era un buen hijo, no manifestó su desazón a sus padres, pero también pensó que en navidad le llegarían todos juntos. A veces, le hacían bromas respecto al tema y era probable que esta fuera una de esas. Entonces marcos, hizo una carta al viejito pascuero, tan larga como su imaginación, y la dejó en el árbol de navidad, pensando en que ya los tenía. Sin embargo, cuando el papá de Marcos la leyó, lloró tanto que fue a dar al hospital, su corazón no soportó la tristeza. Estuvo muy grave, tanto que todos en el pueblo pensaron que moría, por lo que hicieron una gran cadena de oración para que se recuperara, ya que había muy pocas posibilidades de que se salvara, sin embargo la fe colectiva pudo más, por lo que se recuperó con prontitud, y a pesar de que su madre no quería contarle toda la verdad de lo que estaba sucediendo a su hijo, con mucha pena y un poco de vergüenza, lo hizo de todas maneras. Entonces, ahora era marcos el que enfermaba de pena, pero una vez más, como de todo lo malo siempre extraía lo bueno (esta era la mayor característica del niño, era lo que realmente lo hacía diferente de todos los demás), pensó que era mejor saberlo para asumirlo rápidamente, no obstante, nuevamente no reprochaba a sus padres por no contárselo debidamente. A veces, los padres tienen una actitud exageradamente sobre protectora. Cuando quedaban sólo dos días para que llegara la navidad, Marcos se levantó de su cama, pensó que debía tener una actitud madura y cambió las cartas, por otra que había hecho, esta última era totalmente diferente. La mamá sin saberlo, se la llevó y la puso en su bolsillo, ya que tenía que ir a buscar a su marido al hospital, que no se encontraba del todo bien, pero lo necesario para volver a su hogar. Lamentablemente ahora, estaba enfermo, solo, sin dinero y sin trabajo. Cuando ya estaban en la casa, los padres de Marcos, después de conversar un poco, decidieron reunir los escasos ahorros que les quedaban, tenían que decidir entre comprar una larga y costosa lista de remedios, ya que la mejoría del corazón del papá de Marcos dependía de eso, y comprar los regalos que su hijo había pedido en la carta, la misma que había provocado toda esta situación. Sin embargo, al leer la nueva, la sorpresa fue muy grande, ya que esta vez, sólo le pedía dos cosas al viejito pascuero, las que diferían totalmente de las anteriores: la primera, decía que su padre se sanara y, la segunda, que le enseñara el verdadero sentido de la navidad. Así que, de esta dura manera, Marcos y sus padres aprendieron, que lo más importante es que estuvieran sanos y juntos. La noche de navidad no esperaron al viejito pascuero, a diferencia de otros años, también la cena era más que humilde, casi como de pastores, pero cuando se aprontaban a sentarse a la mesa, tocaron a la puerta, la cadena de milagros continuaba su curso, eran todos los amigos de Marcos, con sus respectivos padres que venían a traerle una infinidad de regalos, en agradecimiento a cómo habían sido con ellos. Llenaron la mesa de diversos alimentos, todo volvía a ser como en las navidades anteriores. No obstante, al hacer unos instantes de silencio, por la situación que habían vivido, nadie quiso comer lo que habían dejado encima, no porque no les agradara, sino porque decidieron salir a repartirlos y compartir con las personas de otros pueblos cercanos, ya que durante muchos años, se habían olvidado que el nacimiento de Jesús era el verdadero regalo y único milagro. Decía mi abuelo, que los verdaderos milagros ocurren a diario, insertos dentro de una enorme cadena de ellos, que sin embargo, nuestra vanidad es tan grande, que siempre esperamos manifestaciones asombrosas. Nunca he sabido con exactitud, si esta historia es verdadera, aunque fuera con cierta relatividad, pero me gustaría pensar que sí. Lo único que sé con claridad, es que en nuestra propia vida, a diario hay una gran cadena de milagros, lo que sucede es que simplemente no nos damos cuenta. Según mi abuelo, cuando Marcos se hizo adulto, salía durante las navidades a repartir, junto a su propia familia, juguetes y alimentos a la gente más necesitada, pero principalmente a ser una pequeña parte de esa gran cadena de milagros… |
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