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A Un Paso Del Cielo arrow Cadena de Milagros
Una cadena de milagros
Nota del usuario: / 3
MaloBueno 
Escrito por Hector   
Cuando era niño, había una historia que me contaba mi
abuelo,  de la que nunca me cansaba de escuchar su relato.  Decía que
hace muchos años atrás,  lejos de esta ciudad, en un pueblo de
aquellos surgidos con más sacrificio, esfuerzo y propósito que con
dirección y planificación, había un niño llamado Marcos,  buen hijo,
amigo y alumno, siempre obtenía el primer lugar de su curso, debido a
sus excelentes calificaciones y,  además, el premio de mejor
compañero.  Dicen que sus habilidades, destrezas y entrega,  heredada
y cultivada por sus padres, iban siempre acompañadas de una palabra
adecuada, prudente y sabia, con una actitud dadivosa y un gesto
amoroso, lo suyo era de todos.   Según mi abuelo, era ver la presencia
de un santo,  pero nunca había que olvidar que era un niño como todos.
 Era muy extraño verlo enojado o molesto,  pero siempre muy
pensativo, a veces absorto  en las diferentes situaciones a las que se
debía enfrentar o solucionar, de las que generalmente salía airoso.
Seguramente si hubiese vivido en estos días,  sus visitas al psicólogo
hubieran sido frecuentes y normales.  A veces, la estructura social no
entiende a aquellos que son distintos, pero no todos podemos, debemos
y queremos ser iguales,  tendríamos un mundo plano, estático y sin
fluidez.  Sus padres,  eran los dueños del único almacén  que había en
el pueblo,  conocidos por su honradez y honestidad,  llenaban de
regalos a su hijo cada fin de año,  como premio por lo que había
logrado.   Llegó a tener  una pieza  llena de juguetes,  aunque nunca
fue egoísta, ya que tenía la costumbre de regalar la mayoría de ellos
a los niños del pueblo,  no sólo los que ocupaba con  poca frecuencia,
sino también,  los que más le gustaban,  consideraba que no era un
buen sacrificio y una actitud digna y generosa, compartir y regalar lo
que menos le  agradaba.

       Lamentablemente, al crecer el pueblo, llegó un hombre, con
visión de futuro, decían todos en la zona, que ofrecía buenos
trabajos, pero tristemente también, junto con él su dinero, que era
más de lo que podía contar o podía suponer que tenía, nadie se podía
explicar con claridad qué hacía ahí,  el pueblo era demasiado pequeño
para lo que pretendía.     Construyó un supermercado casi tan grande
como los que hay en Santiago.  Parecía una exageración para la
cantidad de habitantes que tenía el pueblo,   ni siquiera parecía
lógico para esos momentos, pero decía que algún día todo ese lugar iba
a crecer,  que muy pronto se poblaría de sobre manera,  así que su
inversión tendría una buena recompensa,  la que según él sería muy
luego.  Debido  a todas estas situaciones y, principalmente a los
bajos precios, que los padres de Marcos no se imaginaban cómo los
conseguían,  que el pequeño almacén empezó a ir mal.  De un día para
otro no vendieron más, la gente prefería comprar en el supermercado.
Cambiaron la amabilidad,  la simpatía,  el cariño, la sonrisa y la
palabra amable por la frialdad de las ofertas y  los bajos precios.
Después  de muchos años de analizar esta historia,  he llegado  a la
conclusión que  venció el poder material al espiritual,   por lo menos
hasta ese momento.  Pero los padres de Marcos nunca le contaron que el
negocio estaba quebrado y, así como llegaron  a tener mucho dinero,
así también lo empezaron a perder.  Prácticamente ningún vecino se
acercaba a ellos,  muchos por vergüenza,  ya que nadie podía dejar de
reconocer los inmensos favores que siempre recibieron,  sin haber dado
nada a cambio.  A veces he llegado a pensar que no podemos dar sin
pedir algo a cambio,  es posible que estemos rompiendo o violando una
ley natural,  dar para recibir.  Mi abuelo siempre decía que era muy
difícil subir, pero demasiado fácil caerse.  Fue tan grande el cambio
de situación económica, que el padre de Marcos comenzó a plantearse la
necesidad de conseguir un trabajo pronto y vender,  no importaba a
cómo, lo poco que les iba quedando.  Marcos siguió sin saber lo que
sucedía,  ya que generalmente lo mantenían alejado del negocio.  Debe
ser uno de los grandes errores que cometieron con él.  Un niño jamás
debe estar tan alejado de realidad en la que vive.

       Cuando llegó fin de año, como niño, pensaba en la gran
cantidad de regalos  que iba a recibir, había sido un gran año en lo
que a metas se refiere,  especialmente en las académicas, pero al
llegar a su casa, después de la fiesta de despedida de su colegio, su
sorpresa fue grande, ya que no encontró ninguno.   Sin embargo,  como
siempre mantenía una actitud,  hasta extremadamente positiva,  y de
todo lo malo sacaba algo bueno, no pensó en nada  negativo.  Como era
un buen hijo, no manifestó su desazón  a sus padres, pero también
pensó que en navidad le llegarían todos juntos.  A veces, le hacían
bromas respecto al tema y era probable que  esta fuera una de esas.
Entonces marcos, hizo una carta al viejito pascuero,  tan larga como
su imaginación,  y la dejó en el árbol de navidad,  pensando en que ya
los tenía.  Sin embargo, cuando el papá de Marcos la leyó,  lloró
tanto que fue a dar al hospital,  su corazón no soportó la tristeza.
Estuvo muy grave, tanto que todos en el pueblo pensaron que moría,
por lo que hicieron una gran cadena de oración para que se recuperara,
ya que había muy pocas posibilidades de que se salvara,  sin embargo
la fe colectiva pudo más, por lo que se recuperó con prontitud, y a
pesar de que su madre no quería contarle toda la verdad de  lo que
estaba sucediendo a su hijo, con mucha pena y un poco de vergüenza, lo
hizo de todas maneras.   Entonces, ahora era marcos el que enfermaba
de pena,  pero una vez más, como de todo lo malo siempre extraía lo
bueno (esta era la mayor característica del niño, era lo que realmente
lo hacía diferente de todos los demás),  pensó que era mejor saberlo
para asumirlo rápidamente,  no obstante,  nuevamente no reprochaba a
sus padres por no contárselo debidamente.   A veces,  los padres
tienen una actitud  exageradamente  sobre protectora.

       Cuando quedaban sólo dos días para que llegara la navidad,
Marcos se levantó de su cama,  pensó que debía tener una actitud
madura y cambió las cartas,  por otra que había hecho,  esta última
era totalmente diferente.   La mamá sin saberlo, se la llevó y la puso
en su bolsillo,  ya que tenía que ir a buscar a su marido al hospital,
 que no se encontraba del todo bien, pero lo necesario para volver a
su hogar.  Lamentablemente ahora, estaba enfermo,  solo, sin dinero y
sin trabajo.

       Cuando ya estaban en la casa,  los padres de Marcos, después
de conversar un poco, decidieron reunir los escasos ahorros que les
quedaban, tenían que decidir entre comprar una larga y costosa lista
de remedios,  ya que la mejoría del corazón del papá de Marcos
dependía de eso, y  comprar los regalos que su hijo había pedido en la
carta,  la misma que había provocado toda esta situación.  Sin
embargo, al leer la nueva, la sorpresa fue muy grande,  ya que esta
vez, sólo le pedía dos cosas al viejito pascuero,  las que diferían
totalmente de las anteriores: la primera, decía que su padre se sanara
y,  la segunda, que le enseñara el verdadero   sentido de la navidad.
 Así que,  de esta dura manera,  Marcos y sus padres aprendieron, que
lo más importante es que estuvieran sanos y juntos.

       La noche de navidad no esperaron al viejito pascuero,  a
diferencia de otros años, también  la cena era más que humilde,   casi
como de pastores, pero cuando se aprontaban a sentarse a la mesa,
tocaron a la puerta, la cadena de milagros continuaba su curso, eran
todos los amigos de Marcos,  con sus respectivos padres que venían  a
traerle una infinidad de regalos,  en agradecimiento a cómo habían
sido con ellos.   Llenaron la mesa de diversos alimentos,  todo volvía
a ser como en las navidades anteriores.   No obstante,  al hacer unos
instantes de silencio,  por la situación que habían vivido,  nadie
quiso comer lo que habían dejado encima,  no porque no les agradara,
sino porque decidieron salir a repartirlos y compartir con las
personas de otros pueblos cercanos, ya que durante muchos años, se
habían olvidado que el nacimiento de Jesús era el verdadero regalo y
único milagro.

       Decía mi abuelo, que los verdaderos milagros ocurren a diario,
insertos dentro de una enorme cadena de ellos, que sin embargo,
nuestra vanidad es tan grande,  que siempre esperamos manifestaciones
asombrosas.

       Nunca he sabido con exactitud,  si esta historia es verdadera,
 aunque fuera con cierta relatividad,   pero me gustaría pensar que
sí.   Lo único que sé  con claridad, es que en nuestra propia vida,  a
diario hay una gran cadena de milagros,  lo que sucede es que
simplemente no nos damos cuenta.

       Según mi abuelo,  cuando Marcos  se hizo adulto,  salía
durante las navidades a repartir,  junto a su propia familia,
juguetes y alimentos a la gente más necesitada,  pero principalmente a
ser una pequeña parte de esa gran cadena de milagros…
 
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